CEPAL: Espacios para diversificar el comercio y profundizar los encadenamientos con China

cepal chinaCEPAL acaba de publicar “Panorama de la Inserción Internacional de América Latina y el Caribe 2015. La crisis del comercio regional: diagnóstico y perspectivas“.  El Capítulo II se titula “Espacios para diversificar el comercio y profundizar los encadenamientos con China”. A continuación, la transcripción del mismo. La consulta de gráficos y cuadros puede consultarlos en el documento original.

. Las relaciones comerciales y de inversión con China también han tenido un impacto sustancial en la región, en especial en América del Sur. Pese al fuerte dinamismo de los flujos comerciales con ese país hasta 2013, las relaciones bilaterales adolecen de ciertas carencias. El saldo comercial cada vez es más deficitario para la región, cuyas exportaciones se concentran en pocos países, productos y empresas y se componen básicamente de productos primarios. Por su parte, los flujos de inversión extranjera directa desde China son aún pequeños y refuerzan el patrón interindustrial de la relación comercial, al concentrarse en las actividades extractivas.

En este contexto, la región debe aprovechar las transformaciones en curso en China para diversificar sus envíos hacia productos y servicios de mayor valor agregado y contenido de conocimiento. En el corto plazo, destacan las oportunidades asociadas a los alimentos procesados y al turismo. Del mismo modo, el interés del gobierno y las empresas chinas en invertir en el sector de la infraestructura podría ser una oportunidad para avanzar en el cierre de la significativa brecha regional en ese sector.

China está cambiando su modelo económico basado en la inversión y las exportaciones hacia uno de crecimiento menor pero más sostenible, basado en el consumo y los servicios. Las modificaciones de la política económica en curso se reforzarán en el próximo plan quinquenal para el período entre 2016 y 2020. Esta “nueva normalidad para una sociedad moderadamente próspera”, como la denomina el gobierno chino, anticipa un crecimiento más reducido (un 5,9% anual en promedio durante ese período). Este proceso, al igual que otros que se desarrollan paralelamente, como por ejemplo la acelerada urbanización, influirá en sus relaciones económicas con América Latina y el Caribe en los próximos años. La región debe prepararse para aprovechar las oportunidades y enfrentar los desafíos que se derivan de estos cambios en la segunda economía mundial.

En la última década, cuando China pasó a ser el mayor polo de crecimiento de la economía mundial, América Latina y el Caribe intensificó sustancialmente su comercio con ese país. Este proceso estuvo acompañado por crecientes asimetrías: un déficit cada vez mayor para la región, la concentración de sus exportaciones en un número pequeño de productos primarios y de empresas, el carácter interindustrial de los flujos comerciales, con limitados vínculos con las cadenas globales de valor, y una alta participación en los envíos regionales de productos ambientalmente sensibles.

Sin las políticas adecuadas, lo más probable es que estas asimetrías se agudicen en los próximos años. El crecimiento de las exportaciones regionales a China se concentra en los recursos naturales brutos o procesados. Las importaciones de manufacturas de nivel tecnológico medio y alto desde ese país crecieron más rápido que las exportaciones, lo que generó un saldo cada vez más negativo para la región (véase el gráfico 3). Desde 2014, el valor de las exportaciones a China se ha reducido, debido en gran parte a los menores precios de los principales productos exportados, mientras que las importaciones desde ese país siguen creciendo.

Pese a su aumento, el número de productos exportados por los países de la región a China es muy bajo en comparación con otros destinos tradicionales. En relación con otros grandes mercados, pocas empresas de la región exportan a China, aunque su número se ha incrementado, especialmente en Chile, Costa Rica, el Ecuador y México (véase el gráfico 4). En los últimos años, también ha crecido el número de pymes exportadoras a ese mercado, que aún representa una fracción pequeña de los envíos.

Los encadenamientos productivos con China aumentan, pero todavía son débiles y se concentran en productos con bajo contenido tecnológico. La participación de los países de la región como origen del valor agregado extranjero incorporado en las exportaciones de China se ha incrementado, aunque desde niveles muy reducidos. Estos encadenamientos se dan principalmente en la minería, las manufacturas de nivel tecnológico medio-bajo y los servicios, en especial el comercio, transporte y almacenaje, I+D y otros servicios a empresas. Entre los países de origen, el Brasil concentra la mayor parte de estos encadenamientos, seguido por Chile y México (véase el gráfico 5).

China también ha aumentado considerablemente su participación como origen del valor agregado extranjero incorporado en las exportaciones de los países latinoamericanos. Estos encadenamientos se concentran en productos de nivel tecnológico medio-alto y alto, lo que refleja la composición de las importaciones de bienes intermedios que la región realiza desde China.

Por su alta concentración en productos básicos, las exportaciones de la región a China tienen un mayor impacto medioambiental que los envíos a otros destinos, como indican su mayor consumo de agua y su generación de mayores emisiones de gases de efecto invernadero por cada dólar exportado. En el comercio con China, la región es un exportador neto de agua, pero un importador neto de gases de efecto invernadero incorporados en los productos (véase el gráfico 6).

Pese a que las exportaciones de la región a China tendrían que aumentar un 80% para alcanzar el equilibrio comercial, el principal desafío es la diversificación de esos envíos. La experiencia de la última década revela que los incentivos generados por las altas rentabilidades asociadas a la exportación de materias primas han impedido avanzar en la diversificación de manera espontánea. Tal como lo demuestra la trayectoria de escalamiento tecnológico seguida por China, la ampliación de la oferta exportadora regional a ese país (y al mundo) requiere políticas orientadas explícitamente a la creación de nuevas capacidades productivas que, a su vez, permitan el desarrollo de nuevos sectores, productos y servicios.

La región puede convertirse en un socio estratégico de China en el rubro agroalimentario, ya que ese país debe alimentar al 19% de la población mundial con solo el 7% de las tierras cultivables y el 6% de los recursos hídricos del mundo. Así, el monto de sus importaciones de alimentos se duplicará probablemente con creces en 2020. Por su parte, las exportaciones de alimentos de la región a China han mostrado un fuerte dinamismo, pero están altamente concentradas en pocos productos primarios, así como en pocos países sudamericanos. El aumento de la urbanización y del consumo de la clase media china es una gran oportunidad para avanzar en la diversificación de la oferta exportable hacia alimentos con mayor grado de procesamiento.

En los servicios, un sector con alto potencial es el turismo. Se prevé que el número de turistas internacionales chinos alcance los 100 millones en 2015, pero la región solo recibe el 0,3% de ese flujo. Para aumentar esta participación, se requiere flexibilizar los requisitos de entrada, mejorar la cooperación y las conexiones aéreas y ofrecer paquetes turísticos apropiados para la demanda china. También es necesario incrementar los flujos recíprocos de inversión extranjera directa (IED). Pese a que China ya es el segundo mayor origen de estos flujos a nivel mundial, su participación en la IED recibida por la región aún es reducida en comparación con la de inversionistas tradicionales como los Estados Unidos y Europa y está muy concentrada en industrias extractivas, en especial en los sectores de los hidrocarburos y la minería. Las reformas en curso en China pueden impulsar mayores flujos de IED hacia el exterior en los próximos años.

La región debería intentar captar una parte mayor de estos flujos, mediante la promoción de una diversificación sectorial más intensa y su encadenamiento con empresas locales. La inversión china podría contribuir a superar los grandes déficits de infraestructura de transporte y logística en América Latina y el Caribe. La reducida participación de la región en las cadenas globales de valor se explica en parte por sus altos costos no arancelarios relacionados con el comercio. El gobierno y las empresas chinas estarían interesados en invertir en la infraestructura de transporte, un sector de alta prioridad para los países de la región. La materialización de esas inversiones mejoraría la conectividad, lo que incentivaría los flujos intrarregionales de comercio e inversión, así como la atracción de IED desde el resto del mundo.

El gobierno chino valora el carácter estratégico de sus vínculos con América Latina y el Caribe y busca un mecanismo institucional de diálogo con el conjunto de la región. Sin perjuicio de las complejidades políticas y técnicas, existen áreas de interés compartido en las que es realista buscar la definición de posiciones comunes. Se trata de una tarea ineludible si la región desea tener mayor capacidad de negociación con China en los próximos años.

Espacios para diversificar el comercio y profundizar los encadenamientos con China

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