El mega-resort que China ha dejado a medio construir en Bahamas

Baha MarIdealista.  Bahamas. Al pensar en este archipiélago situado entre Cuba y el estado de Florida (EEUU), uno imagina un paraíso de playas doradas y aguas turquesas. Vamos, el sueño del turista fan del ‘todo incluido’, a la vez que un caramelito para cualquier promotor inmobiliario con algo de olfato. Al menos es lo que debió pensar el gobierno chino cuando decidió participar en la construcción de Baha Mar, un mega resort que nació queriendo ser Las Vegas tropicales pero que, cinco años y 3.500 millones de dólares después, se ha convertido en el mayor fracaso de la historia del turismo.

El inversor Sarkis Izmirlian fue el encargado de impulsar el desarrollo de Baha Mar en Nassau (Bahamas). Durante casi una década, el empresario y constructor trabajó con el gobierno de del país para cerrar acuerdos de financiación y hacer realidad un proyecto que pretendía revitalizar una de las principales playas de la capital. Sin embargo, la crisis de 2008 obligó a dejar la iniciativa en suspenso.

En 2010, los promotores habían quemado todos los cartuchos para conseguir fondos, pero la entidad estatal china Exim Bank accedió a prestar 3.500 millones de dólares a Izmirlian para terminar el desarrollo turístico, mientras que la construcción estará a cargo de la empresa China Construction America (CCA), convirtiendo esta ciudad de vacaciones en el mayor proyecto inmobiliario del gigante asiático fuera de sus fronteras.

El plan era que el complejo hotelero contara con cadenas de primera (Hyatt, Rosewood y la propia marca de Baha Mar) para poner a disposición de los más adinerados unas 2.200 habitaciones, más de 300 residencias privadas, un campo de golf diseñado por Jack Nicklaus y tiendas de lujo como Cartier o Tiffany. La joya del lugar sería el casino, que con más de 9.000 m2 contará con 1.140 máquinas tragaperras y 125 mesas de juego.

Sin embargo, Baha Mar era un proyecto zombi, muerto en vida. La apertura prevista para 2014 se desplazó hasta marzo de 2015 por retrasos en las obras. Tres meses después, y sin terminar todavía, Izmirlian declaraba el desarrollo en bancarrota. Según el empresario la responsabilidad es de CCA, el brazo local del gobierno chino que construye el complejo.

Además, aunque los edificios están ya completados al 97%, los retrasos están amenazando también la economía de Bahamas. El Gobierno confiaba en que el enorme resort podría avivar el sector turístico, que es el principal motor económico del país. Se calcula que más de 1,3 millones de personas visitan al año sus playas, y los desarrolladores de Baha Mar aseguraban que el proyecto aportaría el equivalente al 12% del PIB.

En el archipiélago son conscientes de que su sueño está en manos del gobierno chino, que apostó por este proyecto con la intención de ampliar su influencia en el Caribe y Latinoamérica, pero que actualmente no pasa por el mejor momento económico.

Mientras, el moho y la corrosión del calor tropical empiezan a apoderarse del desértico Baha Mar y también de las arcas públicas. La solvencia del Gobierno de Bahamas también está en juego y, según los expertos, el fracaso de este proyecto podría “destruir” la economía del país.

Fuente: Idealista

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